Dromos

video instalación, doble proyección en video, estructura en madera.

Nominado al VII Premio Luis Caballero presentada en la Sala de Exposiciones del Archivo de Bogotá

2013

 

Dromos

 

   Por Luisa Roa

    

Mi mamá siempre decía: Uno y sus circunstancias, frase que por lo demás creo que no pertenece a su autoría sino a la de algún teórico que no recuerdo. Y más que parafrasear algún filosofo o escritor preferiría detenerme en la sensación que me producía esa frase.  Cuando mi mamá la decía yo me quedaba muy pensativa, suspendida entre la curiosidad y la angustia.

Actualmente creo que es totalmente comprensible la intranquilidad de esos días ante el sentido de estas palabras, pues yo concluía que dependiendo del escenario donde uno esté parado dependerá el concepto que uno construya sobre si mismo, ya que en estos espacios se configura lo que uno considera verdadero o falso y en consecuencia los deseos y anhelos que se juegan en ese lugar.

Cuando mi mamá pronunciaba esta frase no aludía a aquellos héroes  cuyo objetivo es alcanzar la verdad vedada para muchos y a la espera de unos pocos, y debo agregar que alcanzar la verdad para estos héroes implicaba una obligada transformación para ser merecedores de la misma. Por otro lado,   tampoco se refería a aquellos que creen que su voluntad modificara la realidad, más bien se refería a su propia vida como ama de casa, simple y austera, ni más ni menos próxima a la verdad.

Manuel tiene un leitmotiv: me gustan las cosas donde no pasa nada. Siempre que hace un video o tiene un proyecto ésta es la  idea sobre la que trabaja. Y a mi me gusta pensar, como espectadora de su trabajo, pues valga aclarar que este texto es una mera interpretación y sólo da cuenta de mi relación con su obra, que en sus proyectos uno puede ver que las cosas que componen la realidad no tienen un significado intrínseco o innato: por el contrario pueden ser puestas en muchos escenarios y reinterpretadas, incluso  bajo una mirada caprichosa y aparentemente incoherente.

Yo sospecho que su afición al ciclismo y los deportes es una excusa para encontrar lugares donde ponerse en escena a sí mismo y sus fantasías.  En uno de sus trabajos Manuel asistía a clases de golf  y como simple aficionado cometía muchos errores y dejaba ver la vulnerabilidad de quien es torpe en un deporte que nunca ha practicado. Pero además de someterse a unas serie de reglas nuevas para él, concernientes a la postura de su cuerpo y sus movimientos, avanzaba despacio por una extensión de pasto que parecía interminable, y en ese momento su torpeza se veía agravada por la imponencia del paisaje que lo rodeaba.

 

Lo que uno desea

 

 

“Son más las mujeres que he deseado que las que he tenido¨

Manuel Quintero

 

 

Siempre pienso en esta manía que tenemos de producir postulados sobre la verdad, de sentirnos autorizados para anunciar a los demás lo verdadero y lo falso.  De sentir que entendemos cuál es la fuente de los problemas y la solución de los mismos, entonces damos consejos porque creemos estar llenos de certezas. Pero la sensación que tengo con el trabajo de Manuel es que no existen certezas sino instancias y realidades que producen sus propias maneras. Entonces el problema no está en hablar sobre la verdad, sino de las ficciones que se pueden producir  en un lugar.

Creo que está liberación de lo verídico como reconocimiento único de la realidad,  posibilita la instalación de un pedazo de velódromo en la mitad de una galería y la proyección de imágenes que aparentemente no tienen nada en común entre ellas. Alguna vez veía un documental donde Carl Jung decía que las cosas antes de aparecer en el mundo eran fantasías y gracias a este hecho eran posibles en el mundo físico.

Jung también decía que el mundo de las imágenes era complejo e inconexo, sin coherencia alguna. Pero para él las imágenes eran seres con vida propia, independientes de la mente en que se producen.  Algo así pasa  a lo largo de las instalaciones y videos de Manuel,  en ellos él busca proyectar sus imágenes y ponerlas en escena. A mi manera de ver es una forma de buscar un escenario propio y la construcción del personaje que es uno, permitiendo que los deseos no se conviertan en frustraciones, sino todo lo contrario, más bien se trata de una forma de instalarse en el mundo.

 

 

 Sobre Dromos

 

 Por Andrés Foglia

    

El flâneur de Benjamin encarna el espíritu moderno de la vida urbana, ese espíritu que pasea y es tocado por las impresiones que le salen al paso, que es espectador atento, que es observador y participante del cambio en el emergente mundo capitalista. El ocaso del paseante que Benjamin retoma de Baudelaire es la sociedad del espectáculo, la del consumo. Allí hay una pérdida de individualidad, hay una fractura en la experiencia, el paseante se hace impersonal, el paseante se hace masa.

 

La nostalgia por la subjetividad que Benjamin enuncia es una nostalgia que lucha contra la modernidad siendo moderna. Si hay algo que tal vez el flâneur no supo en su momento fue que él no estaba solo, que su mirada, su experiencia, su andar y su mundo existían en directa relación con la mirada, la experiencia, el andar y el mundo de otros.

 

Y es que esa relación intersubjetiva entre el Yo y el Otro, entre un Nosotros, es la que hace posible que el mundo devenga como imagen colectiva, como paisaje familiar en el que podemos reconocernos. Entonces, un paseante ideal para este escenario es aquel que comprende que su acción en el mundo, al igual que las imágenes que se hace de él, se componen por un mirar, darse a ver y ser visto como sujeto de la mirada y sujeto de la representación al mismo tiempo.

 

El que hablemos hoy de una intersubjetividad en la construcción del mundo, no significa que ya no podamos reconocernos a nosotros mismos. Significa mas bien que estamos enfrentados a una red de sentidos y de prácticas, en donde es posible emerger individual y colectivamente. Es justo en esta intersección donde los “actos de mirada” cobran especial importancia si los entendemos como una condición de posibilidad para crear la realidad a medida que la miramos.

 

Esta realidad, o el mundo como realidad a través de los “actos de mirada”, escapa de la presuntuosa necesidad de “verdad” que ocupó al ethos moderno durante tanto tiempo. Acá no hablamos de lo verídico, hablamos de lo visto y lo vivido.

 

DROMOS nos enfrenta con este tipo de realidad, la de un paseante que performa su propio paisaje a través del recorrido; que mira, se da a ver y es visto en un escenario donde las condiciones de posibilidad hacen de la representación una emergencia, entre deseos, fantasías y narrativas personales que buscan construir sentido a través de la experiencia colectiva.